Retomamos nuestra voluntad de acercarnos a los profesionales veterinarios, aliados en el duelo animal y embajadores del bienestar de nuestros peludos.
Estos meses han sido un torbellino para la profesión, que sigue declarando cifras preocupantes en cuanto a salud mental, desafíos diarios y desautorización. Tras las restricciones en materia de medicamentos, los profesionales (y muchos de nosotros), hemos dado visibilidad y protestado. Y los frutos están ahí, con pequeñas victorias que reposicionan el foco donde siempre debió estar: en los profesionales (mucho más cercanos a los problemas de salud, bienestar y causísticas de los animales) y no en las Instituciones.
Vemos con orgullo y éxito como el profesional veterinario se mueve en una dirección que nos gusta: la de la justicia y devolución de su autoridad. Nos sorprende, no obstante, como se dejan atrás materias que están claramente impactando en su salud profesional, laboral y personal pero que parece que no tienen espacio ni intención: ¿Cómo podemos prevenir una de las tasas de suicidio más alta? ¿Cómo podemos mantener la motivación por una profesión que suele estar anclada a una vocación? ¿Cómo podemos cuidar al profesional y contribuir a que este sector goce de mayor salud para todos? Porque sí, los tutores de animales también estamos afectados por sus desafíos; no en primera persona, pero sí inmediatamente después.
Cuando hay agotamiento, poco reconocimiento, estrés, burnout, fatiga por compasión, desmotivación, poco o cero reconocimiento a profesiones como la de Auxiliar veterinario/a… Los desafíos acaban devorándose a la persona y, por tanto, impactando en sus relaciones, en su trabajo y en sus pasiones.
Nos preguntamos:
– ¿Cuando las instituciones elevarán la relevancia de este sector para estar a la altura del amor que tenemos por nuestros animales?
– ¿Cuando luchará el propio sector veterinario por disponer de mayor educación emocional y herramientas de autorregulación?
– ¿Cuando buscaremos resolver la barrera emocional y económica de un sector de la salud tan denostado?
Y no creemos que la nueva obsesión deba ser el IVA. Creemos que tiene más sentido trazar un plan para que la profesión goce de salud, de reconocimiento, autoridad y resulte accesible para todo el mundo.
Un PLAN PSICO-EDUCATIVO que puede partir desde los propios centros de formación donde las nuevas generaciones están más sensibilizadas con la salud mental y donde hay espacio para el dolor.
Un PLAN DE ACCESIBILIDAD que debe estar orientado a que la salud veterinaria sea un valor y no una carga económica para las familias.
Un PLAN DE AUTORIDAD PROFESIONAL que les permita ser parte de legislaciones, regulaciones internacionales e impulsos sociales para que ellos, desde las clínicas, puedan actuar con conocimiento y proximidad.
¿Qué piensas?



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