A raíz de nuestras terapias, de encontrarnos con tantas personas que necesitan ayuda para transitar sus duelos… Nos preguntamos de dónde viene el impulso, casi involuntario, de anclarse en el dolor y percibirlo como una honra al ser fallecido.
P. P., tras perder a su perro el cual le había acompañado durante casi 14 años, manifestó que sonreír le hacía sentir culpable, viajar le hacía sentir mal y la idea de seguir adelante le parecía una falta de respeto. Ante el confrontamiento de esas ideas, P. P. respondió «es que le he querido mucho».
¿Justifica el amor que vivamos un duelo con dolor? ¿Qué ha sucedido para que elijamos (muchas veces de forma involuntaria) estar abatidos, rendirnos al dolor y perpetuar el «drama»?
Narrativas culturales
Algunas historias, películas o canciones pueden presentar el duelo como una experiencia inherentemente «bella» o «poética» en su tristeza. Si bien el arte puede ser una forma poderosa de expresar el dolor, centrarse únicamente en la belleza melancólica puede minimizar la realidad del sufrimiento y las dificultades prácticas del duelo.
Glorificación del sufrimiento
A veces, se asocia una profunda tristeza prolongada con un amor más intenso hacia el ser fallecido. Existe la creencia romántica de que cuanto más se sufre, mayor era el amor. Esto puede llevar a las personas a sentir presión para mostrar un dolor constante y visible, incluso cuando internamente están procesando la pérdida de otras maneras.
Santificación del ser querido
Recordar con cariño es natural, idealizar es algo natural, pero podemos realizarlo en exceso y, por lo tanto, dificultar la aceptación de la pérdida. ¿A qué nos referimos con «santificación»? A consagrar a nuestro animal como un ser que no merecía morir, como si sus atributos fueran especiales y se alejaran de la ley natural.
Este aspecto está íntimamente ligado a la tanatofobia que rodea nuestra sociedad. Evitamos la muerte por miedo, por desconocimiento y por malos presagios; de manera que al ignorarla dejamos de observarla con natural como evento inevitable.
Resumiendo…
Es importante recordar que el duelo es una experiencia profundamente personal y compleja. No existe una forma «correcta» de sentir o expresar el dolor. Un duelo saludable implica permitirse sentir una amplia gama de emociones, buscar apoyo cuando sea necesario y encontrar formas de integrar la pérdida en la propia vida sin idealizar el sufrimiento constante.
En lugar de romantizar el dolor, una perspectiva más saludable se centra en la validación de las emociones, el apoyo compasivo y el reconocimiento de la individualidad del proceso de duelo.



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